lunes, 25 de abril de 2016

'Sextorsión'


por Juan Manuel de Prada

Un reportaje de Informe semanal me descubre la existencia de unas redes de extorsión que se dedican a echar el lazo a primos que se masturban ante el ordenador. El timo, al parecer, exige que el pajero se exhiba ante su webcam, mientras se sacude el manubrio, para que la señorita zalamera que lo incita pueda grabarlo; y, una vez rematada la faena, la señorita en cuestión (tal vez un macho pirulo con peluca) manda al primo un guasá, advirtiéndole que ha sido grabado y que, si no paga al instante tal cantidad, el video será enviado a sus allegados. En el reportaje, sin embargo, se lanzaba un mensaje de tranquilidad a la audiencia, anunciando que ya existe en la Policía española una unidad encargada de proteger a los internautas pajeros de estas extorsiones. Me sorprendió que se anunciara tan alegremente la creación de esta unidad en un país de alimañas donde, por ejemplo, hubo gente que protestó airadamente cuando un misionero español fue evacuado de Sierra Leona, para poder recibir en España tratamiento contra el ébola. Pero vivimos en una época que considera más indignante sufragar con dinero público la repatriación de un enfermo grave que crear una unidad policial encargada de evitar que los internautas pajeros sean extorsionados.
Esta paradoja vuelve a probarnos que la inmoralidad primeramente aspira a convertirse en un uso socialmente admitido, para reclamar después amparo legal y por último exigir que la moralidad sea arrinconada como conducta indeseable. Es un camino de ida y vuelta inevitable, porque la inmoralidad, una vez que logra ser admitida en sociedad, anhela que nadie la señale como lo que es; lo que, a la larga, exige proscribir la conducta de los hombres morales, que poco a poco se va tornando odiosa. Por el momento, quienes utilizan su ordenador para conectar con señoritas a través de su webcam ya han conseguido que una unidad policial los proteja contra posibles extorsionadores; y, paralelamente, los reclamos publicitarios que incitan a los usuarios de interné a imitar a los pajeros protegidos policialmente son cada vez mayores. Se calcula que más de un treinta por ciento de las páginas de interné que diariamente se visitan en todo el mundo son de naturaleza pornográfica; y en este porcentaje no se incluyen las numerosísimas páginas que ofrecen enlaces y publicidad de esta índole, todas ellas de manera perfectamente legal, ni las 'agencias de contactos' que incitan alegremente al adulterio. Aquí siempre el fariseo asegura que «nadie nos obliga a mirar pornografía en interné»; pero se trata de un sofisma del tamaño de un castillo, pues lo cierto es que la pornografía y las incitaciones sexuales en interné son omnipresentes; y pretender que quien mira pornografía en interné lo hace «libremente» es tan cínico como afirmar que el señor que vive encerrado en una tienda de dulces es diabético porque quiere.
El reportaje de Informe semanal me resultó perturbador, sobre todo, porque se dedicaba a desenmascarar una lacra menor (las redes de extorsiones de pajeros) a costa de ocultar unas lacras infinitamente mayores, cuales son la adicción compulsiva a la pornografía o la plaga de adulterios virtuales que interné ha desatado en apenas un par de décadas.Sobre esta cuestión se calla de manera oprobiosa: los que mandan porque, además de enriquecerse con la pornografía, saben que su consumo es uno de los métodos de control y sometimiento social más baratos y eficaces jamás inventados; los que no mandan, pero creen hacerlo, porque la bandera de la liberación sexual es un caramelito venenoso al que no piensan renunciar tan fácilmente, pues les permite posar de desprejuiciados ante la galería (además de proporcionarles la caricia paternalista de los que mandan); y los que no mandamos nada (o sea, el grueso de la población) porque no soportamos que nuestras lacras sean señaladas como tales (pues nada hay tan humano como pretender que la propia enfermedad sea considerada inocua).
Pero la dura y triste realidad es que el consumo de pornografía en interné está generando adicciones y patologías cada vez más intrincadas y devastadoras. La dura y triste realidad es que la pornografía aniquila nuestra afectividad y nos incapacita para las relaciones sexuales sanas, llenándonos el alma de fantasías purulentas y tenebrosas que poco a poco infectan nuestra alma, destruyen infinidad de matrimonios y condenan a la angustia y a la soledad a millones de personas. Pero a esta forma mucho más pavorosa de 'sextorsión' jamás se dedicarán espacios en Informe semanal, ni se destinarán fondos públicos para su combate.
TOMADO DE: FINANZAS

lunes, 11 de abril de 2016

Palabras desfiguradas

por Juan Manuel de Prada

En el episodio bíblico de la torre de Babel, Dios castigaba con la dispersión de lenguas la soberbia de los hombres que soñaban con alcanzar el cielo elevando una gran torre, símbolo de su endiosamiento. Tal vez porque desde niño tuve gran amor a las palabras, aquel castigo divino dejó en mi alma una huella muy honda, mucho más que el diluvio universal o las siete plagas de Egipto; pues siempre he creído que no hay calamidad más grande que la calamidad de no poder entenderse, la calamidad de que nuestras palabras dejen de explicar el mundo, la calamidad todavía más inquietante de que las palabras sean utilizadas para falsificar las cosas.
Y como el hombre, pese al castigo de Babel, no ha dejado desde entonces de endiosarse, seguimos sufriendo la misma calamidad. A nadie se le escapa que cada vez usamos menos palabras para expresarnos. Antaño (no hay más que leer a nuestros clásicos) la lengua era un ameno paisaje en el cual nos deleitábamos, persiguiendo la mariposa de un epíteto, aspirando el perfume de tal o cual palabra sonora, retozando en el prado lujuriante de la sintaxis. Poco a poco, sin embargo, la lengua se fue convirtiendo en el paisaje raudo que dejamos atrás, sin reparar siquiera en él, cuando viajamos en tren. Las palabras que antes nos gustaban como nos gustan las joyas o las caricias ahora las empleamos de un modo puramente utilitario, para que nos lleven en cuanto antes a nuestro destino. Este uso 'funcional' de las palabras parece, a simple vista, inocente y hasta benéfico (y al que se resiste a emplear las palabras como si fuesen una bayeta de cocina se le llama 'pedante'); pero en el fondo encubre una realidad pavorosa, que es el agostamiento de nuestro vocabulario. Las razones de este agostamiento son muy diversas: el alejamiento de la naturaleza, donde estábamos obligados a designar los árboles y los pájaros; la destructiva omnipresencia de los mass media, que imponen un lenguaje esquemático y regado de tópicos; la sumisión a la tecnología, que ciega las fuentes del conocimiento (desde la contemplación a la transmisión oral, pasando por la lectura y el estudio) y las sustituye por un acopio de informaciones mostrencas a las que podemos acceder apretando una tecla, etcétera.
Que nadie piense que este agostamiento del lenguaje es inocuo: la palabra es vehículo del pensamiento; y cuando nos faltan las palabras nuestro pensamiento se torna vago y se agrieta, permitiendo la entrada de los más peligrosos asaltantes. Las ideas se tienen que expresar mediante palabras; y cuando las palabras escasean las ideas pierden solidez y claridad, o bien son sustituidas por tópicos y consignas que repetimos como loritos, creyendo que formulamos ideas originalísimas. Despojado de las palabras que nos sirven para expresarnos en plenitud, nuestro pensamiento queda secuestrado y nuestra razón se va adelgazando hasta tornarse de alfeñique, hasta ser zarandeada por el ventarrón de la emotividad más grosera, hasta acogerse al cobijo del gregarismo. Y así, poco a poco, casi sin darnos cuenta, nos vamos convirtiendo en bestias; porque, sin palabras, hasta el amor es un puro intercambio de fluidos.
Pero pecaríamos de ingenuidad si creyéramos que el empobrecimiento del lenguaje es el único medio que los modernos tiranos emplean para confundirnos. Otra forma extraordinariamente eficaz consiste en difuminar el sentido de las palabras con acepciones imprecisas y equívocas, consecuencia en cierta medida de la ligereza con que las empleamos, pero sobre todo del empeño deliberado de que las palabras oscurezcan la realidad: cuando se llama «muerte digna» a la eutanasia, una vida sufriente se convierte tácitamente en una 'vida indigna'; cuando se llama 'consenso' al contubernio de la gente sin principios, quien se mantiene fiel a ellos se convierte inevitablemente en un 'antisistema'. Si la mentira es la prostitución de la verdad, existe una forma de falsedad más peligrosa que la mentira redonda, que es la expresión de la verdad a medias, el empleo equívoco de las palabras con la pretensión de diluir realidades que, designadas sin eufemismos, nos sobrecogerían: llamar 'educación sexual' a la posibilidad de que nuestros hijos sean pervertidos en la escuela; o llamar 'democracia' a presentar, mediante aritmética parlamentaria, la iniquidad como justicia.
La palabra, en fin, desfigurada y convertida en una máscara virtuosa para esconder una realidad siniestra, para ir cambiando poco a poco la realidad de las cosas y así moldear más fácilmente a las masas que ya ni siquiera pueden pensar, porque se han quedado sin palabras. En ésas estamos.
TOMADO DE: FINANZAS

lunes, 4 de abril de 2016

La paradoja de la libertad


por Juan Manuel de Prada


Resulta muy aleccionador someter a revisión crítica las enseñanzas que nos transmitieron en la escuela. Recuerdo, por ejemplo, cómo en clase de Historia nos presentaban siempre a Rousseau como uno de los más grandes prohombres que vieron los siglos; y su obra El contrato social como una de las piedras angulares de la democracia. Con el paso del tiempo, uno entiende que muchas de aquellas enseñanzas que recibíamos eran una amalgama fétida de lugares comunes y afirmaciones mostrencas, hijas de la pereza mental y sazonadas por el prestigio desmesurado que determinados movimientos históricos y corrientes filosóficas tienen entre las gentes gregarias. Muchos años después me decidí a leer a Rousseau; y me topé, para mi sorpresa y horror, con una obra llena de aberraciones y perfidias de la peor calaña, desde la insalvable escisión entre sociedad civil y sociedad política hasta la consideración del hombre como un ser bueno por naturaleza (que lo convierte, inevitablemente, en un ser irresponsable e incapaz de asumir las consecuencias de sus acciones, dislate que luego Freud reafirmaría mediante la creación del «inconsciente»).
En otro artículo publicado en estas mismas páginas ya señalábamos a Rousseau como padre de la ingeniería social y de las manipulaciones de la 'opinión pública'. Pero si tuviéramos que elegir un pasaje especialmente sórdido de El contrato social deberíamos asomarnos a su capítulo VII: «A fin de que el pacto social no sea una fórmula vana, encierra tácitamente el compromiso, que por sí solo puede dar fuerza a los otros, de que cualquiera que rehúse obedecer la voluntad general será obligado a ello por todo el cuerpo; lo cual no significa otra cosa sino que se le obligará a ser libre». Vemos aquí cómo Rousseau establece la tiránica infalibilidad de la voluntad general; y también la sobrecogedora necesidad de «obligar» a las personas a «ser libres», ajustando su pensamiento al de la voluntad general. Lo que Rousseau defiende, a la postre, es que el disidente de la voluntad general sea reeducado y forzado a comulgar con la voluntad general. En realidad, Rousseau postula lo mismo que los absolutistas a los que dice combatir, limitándose a desplazar la titularidad de esa soberanía absoluta del monarca a la mayoría, que puede lavar el cerebro al disidente hasta convertirlo en una oveja más del rebaño. Quien se desvía de esta voluntad general estaría, a juicio del cínico Rosseau, rechazando la libertad; y por ello la sociedad debe obligarlo a someterse a la mayoría (por supuesto, esta coacción no se consideraría reprobable, sino por el contrario saludabilísima).La libertad en Rousseau ya no es un valor intrínseco de la propia naturaleza humana, ligado a la razón (de tal modo que el hombre, cuanto más racionalmente actúa, más libre es),sino que sería un mero acatamiento de la voluntad general, que es soberana para decidir lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, con un poder ilimitado. Este concepto de libertad es, exactamente, el que tienen los regímenes totalitarios, donde en efecto al disidente se le «obliga» a ser libre.
Tristemente, este concepto corrompido y monstruoso es también el que ha triunfado en nuestra época. Pero el totalitarismo ya no se ejerce al modo brutal de antaño, sino al modo que el gran Tocqueville (del que, en cambio, no nos hablaban en clase ni de coña, vaya por Dios) preludió en La democracia en América: «Cadenas y verdugos eran los instrumentos groseros que antaño empleaba la tiranía, pero en nuestros días la civilización ha perfeccionado hasta el mismo despotismo. Los príncipes habían, por así decirlo, materializado la violencia; pero las repúblicas democráticas de nuestros días la han hecho tan intelectual como la voluntad humana que quieren reducir. Bajo el gobierno absoluto de uno solo, el despotismo, para llegar al alma, golpeaba vigorosamente el cuerpo; y el alma, escapando a sus golpes, se elevaba gloriosa por encima de él. Pero en las repúblicas democráticas la tiranía deja el cuerpo y va derecha al alma. El amo ya no dice: 'Pensad como yo o moriréis', sino: 'Sois libres de no pensar como yo. Vuestra vida, vuestros bienes, todo lo conservaréis, pero a partir de ese día seréis un extraño entre nosotros. Permaneceréis entre los hombres, pero perderéis vuestros derechos de humanidad. Cuando os acerquéis a vuestros semejantes, huirán de vosotros como de apestados e incluso aquellos que crean en vuestra inocencia os abandonarán. Os dejo la vida, pero la que os dejo es peor que la muerte'».
Bien mirado, aquellos profesores que nos presentaban a Rousseau como un gran prohombre de la democracia estaban formulando una verdad sarcástica y paradójica.
TOMADO DE: FINANZAS

miércoles, 10 de febrero de 2016

Los comunistas: verdaderos servidores de los capitalistas


Comprometidos 

El comunismo ataca los valores tradicionales como la patria, la familia, la religión, etc., de manera completamente subversiva, pero curiosamente, al interés del dinero no osa atacarlo jamás. Y esto es el auténtico capital, los prestamistas de dinero (prestamistas a gobiernos, a empresas y a particulares), los que están en la cima del poder y del parasitismo sobre la sociedad y sobre el mundo entero.

Pero el objetivo de este artículo no es el pasado, sino los tiempos más recientes.
Hace 25 años en España había comunistas, claro que sí, pero esos comunistas no tenían la mentalidad que tienen hoy en día. Entonces, no había invasión inmigrante. Tampoco había “matrimonios” homosexuales, ni exigencias para que estos adoptaran niños. Sí había feminismo, pero desde luego, no con tantas pretensiones como ahora ni con tantos apoyos y privilegios legislativos y mediáticos, ni tanto victimismo con el rollo de la “violencia de género” usado para conseguir toda clase de prebendas.
Han cambiado mucho las cosas desde entonces a peor. Pero lo que quiero aquí llamar la atención es el papel del comunismo. Los comunistas entonces no solicitaban matrimonios homosexuales, sino más bien lo contrario, veían el matrimonio como otro de los valores de la Iglesia que había que abolir (a las lesbianas no se les ocurría casarse entre sí), y ni se les pasaba por la cabeza ampliarlo a los homosexuales, y ni mucho menos que adoptaran niños. Más aún, los comunistas en realidad estaban en contra de los homosexuales, al más puro estilo comunista tradicional (basta leer a los pesos pesados del comunismo de hace muchas décadas para descubrir lo que pensaban de la homosexualidad). Ni tampoco a los comunistas se les había ocurrido pensar que el sobrevaloradísimo asunto de la “violencia de género” fuera un problema importantísimo. Era algo que no existía en el debate público entonces. Y desde luego, no se veía a ningún comunista defender a los inmigrantes, porque simplemente no había y a ningún ciudadano, ni siquiera a los comunistas, se le pasaba por la cabeza pensar que nos iban a invadir de esta manera. 
Cuando el capital ORDENÓ implantar en la sociedad esas aberraciones, el comunismo OBEDECIÓ servilmente una vez más, demostrando que trabaja en colaboración con el capital, pasando a adoptar sus órdenes como IDEALES a cumplir.
El proceso es el siguiente: El capital desde la cúspide de la pirámide de poder internacional, por medio de sus organizaciones mundialistas como el Grupo de Bilderberg, la Comisión Trilateral y demás reúne a sus criados, los peces gordos visibles de la política, medios de comunicación, sindicalistas, etc., y les da las órdenes que tienen que propagar hacia abajo para implantarlas en la sociedad. Así:

  • Cuando dieron la orden de hacer propaganda sobre la “violencia de género”, lo empezaron a hacer literalmente de un día para otro todos a la vez, radios, prensa y televisiones, y los comunistas servilmente también obedecieron y ejecutaron su parte del papel, acogiendo la idea como un nuevo “ideal” por el que luchar.
  • Cuando dieron la orden de fomentar el matrimonio homosexual para desestructurar la familia tradicional, no sólo los medios de comunicación internacionales empezaron a hacer propaganda a favor de ello y los políticos a legislar poco después cuando la sociedad estuviera ya madura, sino que los comunistas pasaron a adoptar dicha idea como nuevo ideal por el que “luchar”.
  • Cuando dieron la orden de empezar a mover la nueva subversión de la adopción de niños por homosexuales, los comunistas recogieron la idea como otro nuevo ideal haciendo campaña en favor de ello junto con los millonarios capitalistas dueños de periódicos y canales de TV como La Sexta o Telecinco, en España.
  • Cuando dieron la orden de empezar la invasión inmigrante, los comunistas pasaron obedientemente a reverenciar el nuevo mantra de la defensa del inmigrante como uno de sus ideales. Llamazares (Izquierda Unida) emprendió una gira por África para invitar a los negros a venir a España en masa, al mismo tiempo que Aznar, del Partido Popular, que según la falsa propaganda del régimen es el partido opuesto a Izquierda Unida, de manera sinérgica y complementaria en colaboración suya abría las fronteras de par en par, apoyados ambos por las radios, prensa y TV que nos bombardeaban con los consabidos mantras para facilitar que la plebe aceptara la invasión (“nos van a pagar las pensiones”, “nos enriquecen culturalmente”, etc.).

El comunismo juega el papel de radicales para que los partidos políticos mayoritarios parezcan en comparación suya moderados y puedan así ejecutar con menos oposición los planes de subversión anti-tradicional para transformar las sociedades de nuestros países en sociedades orwellianas artificiales y asfixiantes. El comunismo forma parte principal y fundamental del régimen. Las órdenes del capital son los ideales del neocomunismo, y los neocomunistas, son sus tontos útiles o sus peones interesados, los miembros de la base más radicales a su servicio en la estructura del régimen mundialista.
Este hilo argumental ha sido expuesto en foro público; y los plumillas-mercenarios más preclaros y resentidos del frente mediático no han sabido sacar de su bagaje neorretórico otras imposturas que apelaciones a su “honestidad”. Y es que exponerlos a sus verdaderos amos, exactamente esto, como un barril de pólvora dirigido a la línea de flotación, no falla nunca. 


TOMADO DE: Portal Avant! Carlistes

De la ceremonia de la Ceniza


Escrito por Meditación del día

Para el miércoles de Ceniza


El Evangelio contiene la doctrina de Cristo, en que nos manda huir de la hipocresía y la vana estimación de los hombres, y atesorar no en la tierra sino en el cielo riquezas espirituales y eternas.

Punto Primero.  Considera cuán vanos son y cuán engañosos los juicios de los hombres, y qué poco caso se debe hacer de su estimación, y no pierdas obras de tanto valor por sacarlas a vista de sus ojos, como son las de virtud y penitencia, con las cuales puedes ganar la vida eterna; advierte que por una parte te mira Dios y sus ángeles y toda aquella corte celestial, y por otra los hombres mortales: estos no ven más que lo exterior de las obras que se representan a sus ojos, y aquello lo exterior y lo interior de tu corazón. El juicio de los hombres es errado y variable, porque unos vituperan lo que otros alaban; pero el de Dios y sus ángeles acertado y verdadero, apreciando cada cosa con su propio valor. Si buscas la estimación de los hombres, buscas una vanísima vanidad; y un viento que pasa y se desvanece en un punto; y si pretendes en tus obras agradar a Dios, haciéndolas todas con aquel afecto y atención, como si le vieras delante de ti, alcanzarás la honra sólida y verdadera. Considera, pues a cuál de estos senados quieres agradar, y la diferencia que hay del uno al otro así en el número como en la calidad, y resuélvete firmísimamente a huir la vanagloria del mundo, escondiendo tus obras de los ojos de los hombres, y manifestándolas solamente a los de Dios.

PUNTO II. Considera la razón que da Cristo para huir de la hipocresía y vanagloria, porque los que la buscan en las obras buenas que hacen, pierden el mérito de ellas y el premio que habían de recibir de Dios. Pondera qué premio es este, su calidad, su valor y su duración, que compite con la eternidad, y el precio porque le dás, que es una estimación o alabanza vana de los hombres, que es un poco de aire y una como sombra sin ser ni sustancia, y no te quieras tan mal, que trueque joya tan preciosa por cosa tan vil y vana y de ningún valor.

PUNTO III. Considera a lo que te exhorta Cristo; conviene a saber, a que atesores en el cielo riquezas verdaderas e inmortales, y no en la tierra las caducas y perecederas. Coteja despacio el valor de las unas con el de las otras, y luego la verdad de las espirituales y la falsedad de las terrenas, y la duración de las unas y de las otras; y que cuando estas fueran eternas y sólidas como las otras, para ti no lo fueran, pues tan presto te las han de quitar; porque como dice el Eclesiástico 1: En el fin del hombre le han de desnudar de todo, y no ha de sacar de este mundo más de lo que trajo a él. Refresca la memoria de tantos ricos y poderosos como has conocido en este mundo, y ya están en el otro. Mira qué se hicieron sus tesoros, y cómo no llevaron de todos más que una pobre mortaja, y otros triunfan y campean con sus riquezas, y solo les acompañaran sus obras, y lo mismo será de ti sin réplica ni apelación, y saca en tu favor la consecuencia de todo, y dile a Dios:¡Oh Señor, y qué grande engaño es servir al mundo y buscar lo perecedero  y engañoso, y no vuestra gloria y servicio, que es lo verdadero y eterno. Tenedme de vuestra mano para que no caiga en tal yerro, y dadme vuestra gracia para que desprecie cuanto el mundo ama, y que mi tesoro y corazón esté siempre en el cielo.

PUNTO IV. Considera que el remedio para no caer en este engaño, es el desengaño de tu mortalidad. Acuérdate de que eres ceniza, y que te has de resolver en ceniza dentro de muy poco tiempo como te amonesta la Iglesia, y contempla lo que le aconseja san Bernardo: conviene a saber, lo que fuiste, lo que eres y lo que serás; porque en tu primera formación fuiste un poco de lodo al presente eres un muladar podrido y hediondo, cubierto, de nieve con la tez exterior de este tu cuerpo, y sin parar un punto caminas al ocaso de tu muerte, a donde serás manjar de gusanos de tierra asquerosísima, y últimamente polvo y ceniza; esto fuiste, esto eres y esto serás, como lo fueron y son todos los que pasaron antes de ti, y ya de ellos no se tiene memoria; ¿pues cómo podrás envanecerte a la luz de esta verdad? ¿Qué torres de viento no caerán en el suelo fundadas sobre esto, cimiento? ¿Y quién, conociendo esta verdad, buscará tesoros en la tierra? Cava en esta mina riquísima del propio conocimiento, y hallarás un tesoro inestimable de luz de desengaños, de humildad y desprecio del mundo y aprecio del cielo, sed y hambre de los bienes verdaderos.


Padre Alonso de Andrade, S.J

TOMADO DE: ADELANTE LA FE

jueves, 21 de enero de 2016

Carta de una profesora sobre el lenguaje "inclusivo"


PARA LOS “IGNORANTOS E IGNORANTAS"
TAL VEZ A ALGUNOS LE SIRVA
Carta de una Profesora con acertadísima y lapidaria frase final. Está escrito por una profesora de un instituto público.
Yo no soy víctima de la Ley Nacional de Educación. Tengo 69 años y he tenido la suerte de estudiar bajo unos planes educativos buenos, que primaban el esfuerzo y la formación de los alumnos por encima de las estadísticas de aprobados y de la propaganda política.
En jardín (así se llamaba entonces lo que hoy es "educación infantil", mire usted) empecé a estudiar con una cartilla que todavía recuerdo perfectamente:
la A de "araña", la E de "elefante", la I de "iglesia" la O de "ojo" y la U de "uña".
Luego, cuando eras un poco mayor, llegaba "Semillitas", un librito con poco más de 100 páginas y un montón de lecturas, no como ahora, que pagas por tres tomos llenos de dibujos que apenas traen texto.
Eso sí, en el Semillitas, no había que colorear ninguna página, que para eso teníamos cuadernos.
En Primaria estudiábamos Lengua, Matemáticas, Ciencias, no teníamos Educación Física.
En 6º de Primaria, si en un examen tenías una falta de ortografía del tipo de "b en vez de v" o cinco faltas de acentos, te bajaban y bien bajada la nota.
En Bachillerato, estudié Historia de España, latín, Literatura y Filosofía.
Leí El Quijote y el Lazarillo de Tormes; leí las "Coplas a la Muerte de su Padre" de Jorge Manrique, a Garcilaso, a Góngora, a Lope de Vega o a Espronceda...
Pero, sobre todo, aprendí a hablar y a escribir con corrección.
Aprendí a amar nuestra lengua, nuestra historia y nuestra cultura.
Y... vamos con la Gramática.
En castellano existen los participios activos como derivado de los tiempos verbales.
El participio activo del verbo atacar es "atacante";
el de salir es "saliente"; el de cantar es "cantante" y el de existir, "existente".
¿Cuál es el del verbo ser? Es "ente", que significa "el que tiene identidad", en definitiva "el que es". Por ello, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se añade a este la terminación "ente".
Así, al que preside, se le llama "presidente" y nunca "presidenta", independientemente del género (masculino o femenino) del que realiza la acción.
De manera análoga, se dice "capilla ardiente", no "ardienta"; se dice "estudiante", no "estudianta"; se dice "independiente" y no "independienta"; "paciente", no “pacienta"; "dirigente", no dirigenta"; "residente", no "residenta”.
Y ahora, la pregunta: nuestros políticos y muchos periodistas (hombres y mujeres, que los hombres que ejercen el periodismo no son "periodistos"), ¿hacen mal uso de la lengua por motivos ideológicos o por ignorancia de la Gramática de la Lengua Española? Creo que por la dos razones. Es más, creo que la ignorancia les lleva a aplicar patrones ideológicos y la misma aplicación automática de esos patrones ideológicos los hacen más ignorantes (a ellos y a sus seguidores).
Les propongo que pasen el mensaje a vuestros amigos y conocidos, en la esperanza de que llegue finalmente a esos ignorantes semovientes (no "ignorantas semovientas", aunque ocupen carteras ministeriales).
Lamento haber aguado la fiesta a un grupo de hombres que se habían asociado en defensa del género y que habían firmado un manifiesto. Algunos de los firmantes eran: el dentisto, el poeto, el sindicalisto, el pediatro, el pianisto, el golfisto, el arreglisto, el funambulisto, el proyectisto, el turisto, el contratisto, el paisajisto, el taxisto, el artisto, el periodisto, el taxidermisto, el telefonisto, el masajisto, el gasisto, el trompetisto, el violinisto, el maquinisto, el electricisto, el oculisto, el policío del esquino y, sobre todo, ¡el machisto!
SI ESTE ASUNTO "NO TE DA IGUAL", PÁSALO, POR AHÍ, CON SUERTE, TERMINA HACIENDO BIEN HASTA EN LOS MINISTERIOS.
Porque no es lo mismo tener "UN CARGO PÚBLICO" que ser "UNA CARGA PÚBLICA".

Una falsa batalla contra el Islam


Una falsa batalla contra el Islam

islam

Roberto de Mattei
Escrito por Roberto de Mattei
Todo los analistas han puesto de relieve el fracaso de los servicios de seguridad franceses en este trágico 13 de noviembre. La causa principal de dicho fracaso, antes que ineficacia, está en la incapacidad cultural de los estamentos político y administrativo franceses, que no son capaces de descubrir las causas profundas del terrorismo y los remedios precisos para combatirlo.
El terrorismo que se extiende actualmente por el mundo es hijo de la Revolución del 89 y de la larga serie de revolucionarios profesionales, anarquistas, socialistas y comunistas que entre los siglos XIX y XX practicaron la violencia masiva y llevaron a cabo los primeros genocidios de la historia de la humanidad. Los llamados fundamentalistas han injertado la experiencia del terrorismo europeo en una ideología intrínsecamente totalitaria como es el islam, religión política que siempre se ha impuesto por medio de la violencia.
El proyecto de injertar el islam en los valores republicanos sólo puede surgir de una mente que se niega a comprender el papel que desempeña la dimensión religiosa a lo largo de la historia, y lo reduce todo a a conflictos económicos y políticos. En esa mentalidad está el origen de los formidables errores que en la política mediterránea han puesto cometido por igual la Francia de Sarkozy y Hollande y los Estados Unidos de Barack Hussein Obama.
Entre finales de 2010 y principios de 2011 se anunció con bombos y platillos laprimavera árabe, con el convencimiento de que la caída de los tiranos de Egipto, Libia y Siria inauguraría una nueva era de democracia, libertad y desarrollo social en África y Oriente Próximo. Obama, Sarkozy y más tarde Hollande estaban convencidos de que se podía realizar una transición indolora de los regímenes dictatoriales a la democracia, y de que dicha revolución democráticahabría puesto en manos de los Estados Unidos y de Francia las llaves de los recursos económicos de aquellos territorios. En febrero de 2011, Francia empezó a bombardear Libia para favorecer unarevolución democrática por medio de rebeldes yihadistas.
La consecuencia ha sido la escalada del islam radical, la muerte de 150.000 personas y el estallido de sangrientas divisiones tribales en el mundo musulmán. Al año siguiente, Hollande apoyó a Mohammed Morsi, presidente recién electo de Egipto y vinculado al movimiento de los Hermanos Musulmanes, que se cuenta entre los más entregados a destronar al presidente sirio Bashar al Assad. En 2013, Francia se esforzó por que la Unión Europea levantase todo embargo que le impidiese reabastecer con armas, instructores y ayuda económica a los rebeldes yihadistas sirios.
Ahora nos enteramos de que la masacre de París se planeó en Siria, en ambientes que hasta hace un año gozaban de la confianza de Francia. Pero también hay que destacar que los terroristas son inmigrantes de segunda o tercera generación, de nacionalidad belga y francesa, que han estudiado en los ghettos urbanos en los que se consuma el fracaso de la utopía multicultural.
En esa utopía sigue creyendo Barack Obama, que al día siguiente de la hecatombe declaró: «El lema “libertad, igualdad, fraternidad” no sólo evoca valores franceses, sino valores que todos que todos compartimos». Y, por lo que se ve, las autoridades vaticanas también siguen creyendo en dicha utopía, porque según ellas «los musulmanes pueden participar en el Año Santo», ya que, «en un mundo azotado por la violencia, es el momento preciso para lanzar la ofensiva de la misericordia».
La misericordia es una gran virtud cristiana; ahora bien, si se la emancipa de otras virtudes como la justicia y la fortaleza, se convierte en la versión eclesiástica de la cultura laicista de capitulación. Esa cultura se expresa actualmente en la aceptación de todo desvío cultural y moral, llegando al punto de incluir el satanismo, antirreligión a la que que incontables jóvenes rinden culto sin saberlo en los conciertos de rock. Nunca mejor dicho, porque la canción que sonaba en el escenario de la sala Bataclan en el momento en que los terroristas iniciaban la masacre se titulaba Kiss the devil (besar al diablo) A la cultura de la muerte, de cuño islámico o relativista, sólo se la puede afrontar y derrotar con la luz auténtica del Evangelio.
Roberto de Mattei
TOMADO DE: ADELANTE LA FE