miércoles, 30 de julio de 2014

Niños homoparentales: utopía y realidad


Durante los últimos años una persistente propaganda quiso hacer creer que los llamados niños“homoparentales”, es decir criados por parejas del mismo sexo, se desarrollan igual que los hijos de familias normales. Pero ahora, la ciencia confirma las evidencias del sentido común y echa por tierra esa presunción.
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Mark Regnerus, profesor de Sociología e investigador asociado del Centro de Estudios de Población, Universidad de Texas
Una de las investigaciones más completas producidas hasta ahora sobre el tema es elEstudio sobre Nuevas Estructuras Familiares a cargo del Profesor Mark Regnerus, de la Universidad de Texas. La primera entrega de dicho trabajo, publicada en marzo de este año, ha revelado que, a diferencia de los niños educados en sus familias biológicas, los niños criados por padres homosexuales y lesbianas sufren en la edad adulta serias consecuencias negativas de carácter psicológico, emocional y hasta económico [1].
El Profesor Regnerus subraya las carencias en estudios más antiguos sobre los cuales se apoyan los militantes del homosexualismo, que reivindican para parejas del mismo sexo un supuesto derecho al matrimonio y a la adopción de niños. “La pretensión empírica de que no existe ninguna diferencia notable [entre paternidad homosexual y heterosexual] debe desaparecer”, concluye Regnerus en su trabajo, publicado por la revista “Social Science Research” [2].

Presiones seudo científicas a favor de la “homoparentalidad”

Estudios anteriores, hoy desacreditados, habían servido para obtener en varios países decisiones jurídicas a favor de adopciones de niños por homosexuales. Por ejemplo, en un caso visto por la Corte Europea de Derechos Humanos el año 2008, denominado “E.B. contra. Francia”, intervinieron grupos de presión defendiendo el “derecho” de parejas homosexuales a adoptar, basados en un informe de la Asociación Psicológica Norteamericana (APA, por sus siglas en inglés) del año 2005, según el cual no existiría “ninguna prueba científica objetiva que justifique un trato diferenciado” a parejas del mismo sexo que quieren adoptar, “ya que ... todos los estudios científicos serios han mostrado que los niños de padres homosexuales o lesbianas no son más susceptibles de sufrir problemas emocionales o de otros tipos, que los niños de padres heterosexuales”  [3].
De la misma forma, durante el tristemente célebre proceso “Karen Atala contra Chile”, un amicus curiae presentado por 16 grupos de presión argumentó ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que la Academia Norteamericana de Pediatría “reconoce que una cantidad considerable de literatura profesional proporciona evidencias de que los niños con padres que son homosexuales pueden tener las mismas ventajas y las mismas expectativas para la salud, adaptación y desarrollo que los niños cuyos padres son heterosexuales” [4].

La realidad se impone a la utopía

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Depresión y otros problemas psicológicos son mucho más frecuentes en niños homoparentales
Ahora, sin embargo, el exhaustivo estudio del Profesor Regnerus pulveriza este mito. Basado en el examen de aproximadamente 3000 adultos provenientes de ocho estructuras familiares diferentes, y respaldado por 40 criterios sociales y psico-emocionales de evaluación, concluye que los niños que crecieron en familias biológicamente intactas son en general mejor educados; tienen mejor salud mental y física; caen menos en las drogas; se envuelven menos en actividades criminales y se afirman felices, más frecuentemente que los criados por homosexuales.
Los resultados más negativos se refieren a niños procedentes de las llamadas “familias homoparentales” de lesbianas. Estos resultados contradicen discutibles informes según los cuales los niños criados por lesbianas se desarrollarían tan bien como los niños de familas normales, o hasta mejor que éstos. El estudio del Profesor Regnerus muestra los efectos negativos de este tipo de paternidad en 25 de los 40 criterios seleccionados para sus investigaciones. Por ejemplo, revela que al llegar a adultos losniños homoparentales han sido más frecuentemente víctimas de abusos sexuales (23% de los niños de madres lesbianas han sufrido abusos por un padre o un adulto, contra 2% de los niños de parejas normales);tienen menos salud física; quedan sujetos a depresión y caen en el consumo de droga con mucha mayor frecuencia que los niños normales, además de que no consiguen empleo: 69% de los niños de familias homoparentales lesbianas dependen de ayudas sociales, contra 17% de los que proceden de parejas casadas.
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Doctor Loren D. Marks, médico y Profesor de la División de Familia, Niños y Ciencias de Consumo de la Universidad de Luisiana
Esta investigación echa por tierra las conclusiones del tan publicitado informe de la APA, que pretendía que “Ningún estudio ha concluido que los niños de padres homosexuales o lesbianas tengan cualquier desventaja significativa en relación con los niños de padres heterosexuales”  [5].

¿Puede el árbol malo dar frutos buenos?

Los estudios anteriores comparaban los niños criados por homosexuales a niños que vivían otras situaciones anómalas (de familas “recompuestas”, o de padres solos). Las investigaciones del Profesor Regnerus, en cambio, los comparan sólo con niños criados por sus padres biológicos casados. Y sus conclusiones son mucho más realistas, porque se apoyan en informaciones proporcionadas por los mismos niños, y no sobre las suministradas —y tantas veces maquilladas— por sus padres.
Otro estudio reciente confirma que el controvertido informe de la APA no es confiable. Loren Marks, Profesor asociado a la Louisiana State University, después de una cuidadosa revisión de los 59 estudios en que se basó tal informe, concluyó que el mismo “no se justifica empíricamente”, pues adolece de serias deficiencias metodológicas, como la falta de muestras representativas y otras [6].
En resumen, el estudio de la Universidad de Texas demuestra que los niños adoptados por homosexuales sí sufren desequilibrios psicológicos y emocionales que afectan negativamente su vida adulta. Y no podría ser de otra manera, ya que “el árbol malo no puede dar frutos buenos” (cfr. Mateo 7, 18): la homosexualidad es un grave desorden moral, del cual no puede resultar ningún bien. Por esa razón, por el bien de nuestros niños, el Perú debe rechazar categóricamente cualquier intento de permitir adopciones a parejas del mismo sexo.

[2] REGNERUS, Mark. How different are the adult children of parents who have same-sex relationships? Findings from the New Family Structures Study. Disponible en http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0049089X12000610 y en la edición impresa de "Social Science Research", vol. 41, No. 4, julio de 2012, pp. 752-770.
[3] http://www.ilga-europe.org/home/how_we_work/litigation/ecthr_litigation/interventions/e_b_v_france_written_comments_of_fidh_ilga_europe_baaf_and_apgl_3_june_2005_adoption_by_lesbian_woman_as_an_individual, puntos 25 y 26.
[4] http://www.iglhrc.org/binary-data/ATTACHMENT/file/000/000/564-1.pdf. La referencia es de AMERICAN ACADEMY OF PEDIATRICS. Coparent or Second-Parent Adoption by Same-Sex Parents, "Pediatrics", Vol. 109, No. 2, febrero de 2002, pp. 339 -340.
[5] AMERICAN PSYCHOLOGICAL ASSOCIATION. Lesbian & Gay Parenting, Washington DC, 2005, p.15
[6] MARKS, Loren. Same-sex parenting and children’s outcomes: A closer examination of the American psychological association’s brief on lesbian and gay parenting, "Social Science Research", Vol. 41, No. 4, Julio de 2012, pp. 735–751. Disponible enhttp://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0049089X12000580.

martes, 29 de julio de 2014

A esta gente hace Doctor Honoris Causa la ExPUCP


Según la misma Universidad del Fundo Pando, los Doctorados Honoris Causa son otorgados a personas que "con su obra y trayectoria personal honran a la cultura y la humanidad".Pues bien, hace algún tiempo esta universidad, sedicientemente católica, otorgó uno de esos grados honoríficos a Manuel Atienza Rodríguez.


¿Quién es este "doctor"?
Pues: 
-Un progre de izquierda (cómo no) de los que abundan en España
-Un radical opositor a la Iglesia Católica (para ello no duda en llegar a la difamación y la calumnia, o en usar la desinformación y la mentira)(*).
-Un defensor febril del crimen del aborto
-Un personaje para quien no hay problema en la clonación terapéutica.
-Un convencido defensor del "matrimonio" aberrosexual 
¿Hay acaso que decir algo más?
Todo muy "acorde" con el espíritu católico, ¿no?
Es decir, es un personaje que es todo un "modelo" a seguir para cualquier institución católica, y que "honra la cultura y la humanidad" (¡¿?!)
¿Qué vendrá después? ¿Distinciones para el ateo y cristianófobo Richard Dawkins?, ¿ para Inna y Alexandra Shevchenko, las putas mayores del asqueroso  FEMEN?, ¿para los dirigentes de Planned Parenthood?, ¿para los rojos y liberales que sentaron en el banquillo de los acusados al Vaticano en la ONU? Bueno, pero no nos extrañemos, esta Universidad caviar hace rato que ya no es católica (ahora  ni siquiera de nombre, según lo ha determinado la Santa Sede).
(*) En uno de sus artículos, por ejemplo, el español no tiene empacho en sugerir que la Iglesia valora positivamente al gobierno de Pinochet. 
Este señor tiene un libro titulado "La guerra de las falacias". El título, al parecer, se debe a que el autor lleva a cabo su guerra personal (a favor del aborto, la clonación, el "matrimonio" homosexual, y otras causas que "honran a la cultura y la humanidad") usando puras falacias, que son las que inunda su libro. En la obrita se recopilan varios de sus artículos, varios de ellos -cómo no- con ataques contra la Iglesia. Como dicen por ahí: "progre que come curas, aunque le quemen el pico". 

Para combatir a tu enemigo, primero tienes que conocerlo...


Un comunista es alguien que a leído a Marx, Engels, Lenin, etc...


Un anticomunista es alguien que los ha entendido...

Sobre el perdón y la justicia, por Juan Manuel de Prada


Publicamos a continuación dos interesantes artículos de Juan Manuel de Prada en los cuales trata el tema del perdón y su relación con la justicia. ¿Es justo perdonar a alguien cuando este no se ha arrepentido claramente de sus crímenes u ofensas? La respuesta es simple: No; eso sería una forma de injusticia. Importante tener en cuenta esto, ahora que está de moda la llamada "justicia transicional", tan publicitada por progres y caviares de todo tamaño.


Perdón y justicia

por Juan Manuel de Prada

Desde hace algún tiempo, se viene promoviendo el perdón de las víctimas a los terroristas que les infligieron un daño que, en términos humanos, sólo puede reparar la justicia. Se trataría, desde luego, de una empresa loable en quienes la auspician, y más loable todavía en quienes efectivamente perdonan, si no fuera porque en esta promoción del perdón pudiera ocultarse un menoscabo de la justicia. Trataremos de explicarnos.

Perdonar a quien nos ha infligido un grave daño es algo de naturaleza sobrenatural. Cristo nos dio el mandato de "amar al enemigo", una forma de caridad extrema que no encontramos en ningún otro código moral anterior al cristianismo: Confucio predica una benevolencia general con el enemigo que no es propiamente amor, sino más bien una táctica calculada de defensa y prudencia; Buda predica el amor a todos los hombres, aun a los más despreciables, pero dentro de un mandato general que se extiende también a los animales y a las plantas y que, a la postre, es más bien una especie de austeridad estoica que conduce a la supresión del amor por uno mismo; la ley mosaica, por su parte, nunca había extendido el precepto del amor al prójimo a los enemigos, como fácilmente se percibe en la parábola del buen samaritano. El mandato cristiano de amar al enemigo no se puede cumplir mediante el mero concurso de las facultades humanas; es sobrenatural, porque requiere el concurso de la gracia divina, porque la posibilidad de su cumplimiento no se halla en la mera naturaleza humana.

Pero la exigencia de la reparación es de un orden distinto al del perdón; y se puede exigir reparación y al mismo tiempo perdonar. Pues lo que el mandato cristiano exige es amar al enemigo, no amar la injusticia que el enemigo ha cometido. Pensar que el perdón anula la exigencia de reparación es hacer agravio a la conciencia, al orden y al bien común; y perdonar sin exigencia de reparación es peor que no perdonar, porque mantiene al ofensor identificado con la ofensa. Por eso no puede haber perdón si no hay un arrepentimiento sincero y un deseo de reparación a través de la penitencia; y, faltando estos requisitos, ni Dios mismo puede perdonar. Esto que afirmamos se percibe muy claramente en la relación de Cristo con Herodes, a quien evitó ver siempre que pudo; y ante quien calló con desprecio cuando lo obligaron a verse con él (a pesar de que, si no hubiese callado, tal vez Herodes habría podido salvarle la vida). Cristo no perdonó a Herodes la muerte de su primo, el Bautista, por la sencilla razón de que Herodes no se había arrepentido. Si lo hubiese perdonado, habría cometido una injusticia y una irracionalidad; y Dios, que es todopoderoso, no puede sin embargo ser injusto ni irracional.

En efecto, cuando perdonamos al injusto que no se ha arrepentido de la injusticia cometida, hacemos nosotros mismos una injusticia y nos convertimos ipso facto en injustos. Cuando quien nos ha ofendido se mantiene identificado con la ofensa (o justifica tal ofensa con razones políticas de las que no reniega), se mantiene en un estado de desorden que le impide recibir el perdón. Una injusticia no reparada destruye la convivencia y es el peor mal social, peor incluso que la guerra; y el perdón que se exige o se presta a expensas de la justicia reparadora, lejos de cerrar las heridas, las abre todavía más. Resulta, cuanto menos, paradójico, que una época como la nuestra, que niega la acción sobrenatural en nuestras vidas, promueva a la vez el perdón al enemigo, que es algo que no está en la mera naturaleza humana cumplir. De donde uno tiende a sospechar que, promoviendo este perdón, se puede estar promoviendo la injusticia.




Tergiversaciones

por Juan Manuel de Prada

Publicaba ABC un artículo de don Nicolás de Arespacochaga en el que se me acusaba calumniosamente de «tergiversar» el «mensaje» de Jesucristo. Don Nicolás, que se declara partidario de una «flexible y tolerante» forma de entender tal «mensaje», según las «distintas formas de pensar, distintas educaciones y circunstancias personales» (confesión de parte en la que el Verbo de Dios queda reducido a un «mensaje» que admite pluralidad de interpretaciones, según la coyuntura), consideraba que afirmar que el mandato evangélico de amar al enemigo es «imposible sin un concurso sobrenatural» constituye una «tergiversación», porque no cree que «Jesucristo nos dé mandatos que no seamos capaces de cumplir». ¡Naturalmente! Jesucristo lo que hace es dispensarnos la gracia para que cumplir tal mandato no nos resulte imposible. Pero amar al enemigo sin el concurso de la gracia resulta imposible, puesto que no se halla entre las tendencias naturales del ser humano, que son la conservación propia, la propagación de la especie y la vida comunitaria. Amar al enemigo atenta contra tales tendencias naturales; y sólo puede lograrse mediante el concurso sobrenatural de la gracia, que no es -¡por supuesto!- una especie de deus ex machinaque opere al margen de nuestra naturaleza humana, sino un don que actúa sobre ella, sanando nuestra condición pecadora.

También considera don Nicolás que tergiverso el «mensaje» de Jesucristo cuando afirmo que «no puede haber perdón sin arrepentimiento». Para don Nicolás -como para Renan-, el «mensaje» de Jesucristo es «la maravillosa, sublime, perfecta idea» del «perdón incondicional, sin requisitos previos a cumplir por la otra parte», que hallaría su expresión máxima en la frase que Cristo pronuncia en la Cruz: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen». Sin embargo, en esta frase Cristo no perdona a quienes lo están matando, sino que intercede ante el Padre para que lo haga; y esa intercesión sin duda rindió sus frutos, como se percibe en la exclamación arrepentida del centurión. Cristo no pidió perdón incondicional para todos los que participaron en el crimen del Calvario, ya que esto sería inconsecuente con la justicia de Dios y con la libertad del hombre. Cristo murió para que la justicia y la misericordia de Dios, juntas, ofrecieran perdón al hombre que libremente lo busque. Dios sólo perdona a quienes se acercan a Él con fe; no a una multitud amorfa que no desea ser perdonada. Afirmar lo contrario es tanto como sostener que los actos humanos resultan indiferentes ante Dios; y, por lo tanto, que el sacrificio redentor de Cristo fue superfluo o estéril. Una cosa es el amor incondicional de Dios, que se ofrece en el madero para salvación de los hombres; y otra muy distinta que ese amor sea acogido o rechazado por cada uno de nosotros. Si ese amor es rechazado (esto es, si no hay arrepentimiento), el hombre no puede obtener el perdón de Dios. Como nos recuerda José Ignacio Munilla, «la presentación del amor incondicional de Dios a modo de un indulto general indiscriminado no solamente choca con los abundantes pasajes evangélicos que hablan de la posibilidad real de la perdición del hombre, sino que tampoco se compagina con la imagen de un Dios que respeta la libertad y la dignidad del hombre. Siendo cierto que la voluntad de Dios es que todos los hombres se salven, sin embargo, para ello es necesario que cada uno coopere libremente, abriéndose a la gracia de la conversión».

Afirmar que el perdón de Dios es incondicional es una grave tergiversación del Evangelio; claro que, cuando al Verbo de Dios se le reduce a un mero «mensaje» (esto es, una predicación virtuosa), todas las tergiversaciones son posibles.

sábado, 26 de julio de 2014

Herejes Okupas

por Fray Gerundio

Siempre me llamó la atención la diferencia existente entre los herejes de estos días y los herejes de otros tiempos de la Historia de la Iglesia. A poco que se asome uno al pasado, puede constatar fácilmente que los herejes de antaño se empecinaban en sus teorías y las exponían con obstinación. Cuando la Iglesia las rechazaba, se aferraban más a ellas y las expandían testarudamente entre sus seguidores, hasta que al final se separaban ellos mismos de la Iglesia con toda solemnidad, incapaces ya de vivir en el seno de la misma. Casi podríamos decir que era herejes con cierta personalidad, que acababan por decirse a sí mismos: –Aunque me excomulguen, me mantengo en mis trece y nadie me baja del burro. Me separo de la Iglesia.
Y se quedaban tan campantes y tan ufanos.
Sin embargo, los herejes de hoy no se van de la Iglesia ni a tiros. Aprendieron el arte de la infiltración a principios del siglo XX, con la llegada del Modernismo que tan valientemente desenmascaró el papa San Pío X, y a partir de ese momento, se quedaron en los sótanos de la teología, empezando a subir peldaños y peldaños. Al principio con mucho cuidadito, por si los Sumos Pontífices los ponían a caldo. Después, a la altura ya de los años 60, subieron las escaleras con toda rapidez y se instalaron en las Cámaras Pontificias como los verdaderos salvadores de la Teología. Habían aprendido a manejarse con esa apostasía que se presenta como la verdadera fe.
Ciertamente lo aprendieron bien en tantos y tantos manuales modernistas y marxistas. Ya hablamos una vez aquí sobre los modos y maneras gramscianos.
Pues así fue. Estos herejes se diferencian ciertamente de aquellos luteros y calvinos de otro tiempo. Estos no se han ido de la Iglesia, sino que han hecho escuela a base de pregonar que lo que ellos dicen es la doctrina verdadera y -por tanto-, quienes se tienen que salir de Ella son los que siguen manteniendo esos dogmas cerrados y anticuados, producto de mentes medievales ignorantes.
O sea, destruir desde dentro (y cobrando al mismo tiempo de dentro), como los de Podemos. La misma estrategia.
De este modo, se fueron introduciendo en la Iglesia los más variados disparates, que aunque denunciados por el Magisterio de entonces –aunque fuera con la boquita pequeña–, todavía sabíamos que eran errores heréticos y heréticos errores. Que la Iglesia había condenado el Socialismo, pues aparecía un grupito llamado Cristianos por el Socialismo, reivindicando el que ciertamente se puede ser socialista y cristiano. Que la Iglesia condenaba el marxismo, pues aparecía un grupo de gentes (casi siempre lideradas por algún jesuita), que decían que el mejor comunista siempre es cristiano e incluso Jesús de Nazareth era netamente marxista. Que la Iglesia condenaba el uso de anticonceptivos, pues aparecía entonces un grupo de cristianos que insistían en que precisamente el uso humano del matrimonio exigía una actuación responsable por parte de los posibles progenitores. Que la Iglesia no abolía el celibato, aparecían grupos de curas casados, reivindicado también el uso de alguna parroquia para hacer el bien como sacerdote casado. Es decir, nadie se largaba fuera a seguir haciendo la guerra por su cuenta, como hizo Lutero. Se quedaron dentro para cambiar las cosas a su antojo.
Insisto en que es una táctica puramente marxista. Así se destruyeron los Seminarios (desde dentro) hacia los años 50 del siglo pasado, infiltrando a miles de comunistas en las filas sacerdotales. Y la Iglesia conciliar y postconciliar hizo lo mismo, viendo estas cosas con agrado, tolerancia y cierto regusto: Había que aplicar el bálsamo de la misericordia, decía Juan XXIII. Así se destruyó la Teología, acogiendo a verdaderos herejes entre los más apreciados doctores universitarios… a los que se premiaba con cátedras y honores archiepiscopales. ¿No fue Juan Pablo II quien nombró Obispo y Cardenal al mismísimo Kasper, que ya tenía en su currículum un libro sobre Jesucristo negando todo lo habido y por haber?
Ahora, en una nueva vuelta de tuerca, estamos dando un paso más. Por un lado la Iglesia Magisterial no puede admitir oficialmente el matrimonio de los homosexuales, como no puede admitir a las claras tantas doctrinas morales que van claramente en contra de los Mandamientos Divinos. Entonces, se pone en marcha la estrategia: basta una frasecita emitida en una entrevista de avión –pongo por caso-, y en ese mismo momento se multiplican las modos de actuar anti-cristianos, pero dentro de la Iglesia. Una frase insinuante, es suficiente para que comiencen las reivindicaciones pastorales. Y mientras tanto, sí que se puede callar que la homosexualidad es un pecado abominable porque según dice el mismo Francisco, ya nos sabemos bien lo que dice la Iglesia y no hay que estar repitiéndolo.
Vean si no, lo que está ocurriendo ya de hecho con las parroquias gay de California o Nueva York, en las que se reconoce que la Iglesia Católica está equivocada y que estos gays son unos extraordinarios católicos a los que nadie comprende. Decidido ya por el Gobierno Mundial que la homosexualidad no es algo a tratar, ni es enfermedad, ni es una lacra, ni mucho menos un pecado… se forman grupitos cristianos organizados para demostrar que su homosexualidad es lo más normal del mundo, que se puede ser lector, ministro extraordinario de la Eucaristía… y que se puede seguir siendo homosexual salido del armario al mismo tiempo que sincero cristiano, mientras que la sexualidad tal como Dios la concibió, esa sí que es una abominación que no se puede permitir. El mundo al revés. ¡La homofobia sí que es una enfermedad!, proclaman en sus pancartas.
Esto sí se puede decir. Lo contrario merece la cárcel.
Esto sí se puede decir. Lo contrario merece la cárcel.
Mientras tanto, se confunde por ignorancia (o quizá por maldad, Dios lo sabe) la denuncia del pecado con la pastoral de comprensión frente al pecador. Sé por experiencia que en el confesonario siempre hemos ayudado a las personas que llegaran con un problema de este tipo. Tampoco eran tantas porque entonces no había tanto Orgullo con este tema. Pero se prestaba ayuda individual, para la salvación del alma individual. Castidad individual, tratada individualmente, confesada individualmente, misericordieada individualmente.
Pero no es así en estos tiempos. Hay una forma muy sutil y destructiva que se está organizando y que lleva adosado un peligro enorme: la que nos cuenta Zenith con esta noticia aparentemente sin trascendencia alguna: Los católicos con tendencia homosexual hablan de castidad.
O sea, que ya hay grupos que consideran que deben reunirse para hablar de su tendencia y ver entre todos cómo deben abordar la castidad. Ya no es un problema individual, sino colectivo, incluso para los católicos. Y mientras tanto, se sigue extendiendo el mal: no pasa nada, porque somos homosexuales organizados cristianos. Hasta tenemos nuestros Congresos. No pasa nada porque somos divorciados vueltos a casar cristianos y comulgamos porque la Comunión no es un premio, sino una medicina (diga San Pablo lo que quiera sobre la Eucaristía como paso rápido a la propia condenación). No pasa nada si somos sacerdotes católicos casados, porque el sacerdocio se ejerce así mucho mejor y hay menos deserciones.
Y eso sí. Los que piensen de otra manera, que se salgan de la Iglesia. Ellos son los herejes. En este tema, aplíquese siempre la tolerancia cero, que es la que ahora se estila en ciertas Urbes de la Cristiandad. Pues yo la verdad, puestos a preferir, prefiero a los herejes antiguos. Quemaban las bulas de excomunión, se iban a su casa y la Iglesia se fortalecía. Ahora, estos herejes okupas, nos dan lecciones y la Iglesia los premia.
TOMADO DE: Tradición Digital

Gramsci en el Vaticano

por Fray Gerundio

Siempre me llamó la atención la inteligente y habilidosa estrategia de Antonio Gramsci para conseguir que se extendiera como la pólvora la ideología comunista en los paises latinos. Mientras en Rusia se andaban aburriendo con El Capital de Marx, o la no menos insoportable obra de LeninMaterialismo y Empiriocriticismo, o los diversos panfletos de tantos y tantos teóricos del Partido, Gramsci desde la cárcel ponía los cimientos a una estrategia sumamente inteligente y práctica. Eso sí que era verdadera praxis. Se trataba de hacer llegar a todos los rincones de la vida cotidiana de los italianos y por ende de todos los europeos, el modo de pensar, de actuar, de vivir que impone el ideario marxista. Y no de una forma teórica y filosófica, sino de una forma práctica: Marxismo a la cultura, a la prensa, a los hogares y a las familias, a las iglesias y a los mercados, a las fábricas y a los colegios, a las universidades y los conventos. Marxismo hasta en la sopa, inteligentemente cocida a base de pocos, pequeños, pero constantes sobrecitos y pastillitas a los que todos pudieran tener acceso.
gramsci
Así se introdujo el maxismo en los países no-marxistas en los años sesenta del pasado siglo, así se introdujo en la Iglesia postconciliar  y así continúa el marxismo después de la caída del muro, aunque los tontos piensan que ha desaparecido tras el derribo. Creo que  aquella destrucción, abrió las puertas a la extensión ya descarada de las ideas marxistas por el mundo liberal. Al fin y al cabo son los mismos perros con distintos collares. Nuestra cultura putrefacta está infectada por todas estas ideillas marxistonas que la televisión se ha encargado de popularizar. No hay pueblo, villorrio o ciudad, que no tenga un concejal o concejala, consejero o funcionario comunista encargado de los Festejos Culturales (?), especialmente si el alcalde es de derechas, dedicado a promover lo más granado de la retrointeligencia -que dicho sea de paso-, siempre es anticatólica, anticlerical y pro-todo lo que venga desde las alcantarillas más zafias del pecado.
La misma estrategia viene utilizándose en la Iglesia desde hace años. Sólo que ahora, de modo más informal, más dicharachero, más campechano, con buen humor y sobre todo, sin ceremonia. Para que se vea que hay naturalidad y que no hay hipocresía. Hay un modo muy útil de ir desmoronando columnas levantadas hace siglos, como-quien-no-quiere-la-cosa, con habilidad, descaro y cierta soltura. Este método lo han aprendido de forma especial los más malos del Colegio. No me refiero al Cardenalicio, sino a cualquier colectivo que quiera destruir lo que antes quedó firme y seguro.
Y es que una frasecita dicha por aquí, un comentario jocoso hecho por allá, una recomendación ingenua (aparentemente ingenua) realizada por acullá, una sonrisita y un gesto por no muy allá… en el momento oportuno, ante el auditorio oportuno, con la retórica oportuna, pueden ser fenomenales para la destrucción y muerte de lo que se proponga. Si esto lo hace una Alta Autoridad, entonces está servido el éxito. Y si todavía más, lo realiza una Alta Autoridad con la que están drogadas y fanatizadas las masas, entonces ya la aceptación alcanza niveles estratosféricos.
Veamos por ejemplo, cómo se puede quitar de un plumazo en la mentalidad de los oyentes la obligatoriedad de cumplir con el tercer mandamiento que es santificar las fiestas: o sea, ir a misa todos los domingos y fiestas de guardar:
“¿Cuáles son los deberes del cristiano? Quizás me dirás que ir a Misa todos los domingos o vivir el ayuno y la abstinencia en Semana Santa. Pero el primer deber del cristiano es escuchar al amor de Dios. Escuchar a Jesús”.
No cabe duda de que aquí nadie ha dicho nada malo. Pero ¿es lo correcto? ¿puede generar en los oyentes (en este caso va a llegar a todo el mundo) una cierta impresión de que no es tannecesario ir a misa en domingo?
Veamos otro ejemplo, para decir como si nada que la penitencia y la conversión consisten en el socorro a los necesitados, como en este discurso:
“La Cuaresma es para ajustar la vida, organizar la vida, cambiar la vida, para acercarnos al Señor. El signo de que estamos lejos del Señor es la hipocresía. El hipócrita no tiene necesidad del Señor, se salva por sí mismo, así piensa, y se viste de santo. El signo de que nosotros nos acercamos al Señor con la penitencia, pidiendo perdón, es que nosotros cuidamos a nuestros hermanos necesitados”.
¿Y quién es el hipócrita?
¿Qué hacen los hipócritas? Se disfrazan, se disfrazan de buenos: ponen cara de imagencita, rezan mirando hacia el cielo, haciéndose ver, se sienten más justos que los demás, desprecian a los demás. ‘Pero – dicen – yo soy muy católico, porque mi tío es un gran benefactor, mi familia es ésta, y yo soy… he aprendido… conocido a tal obispo, a tal cardenal, a tal padre… Yo soy…’. Se sienten mejores que los demás. Ésta es la hipocresía. El Señor dice: ‘No, eso no’. Ninguno es justo por sí mismo. Todos tenemos necesidad de ser justificados. Y el único que nos justifica es Jesucristo.
Todo perfecto. Pero me parece que mi frailuna experiencia puede desbrozar en estas palabras –una vez más-, ciertas referencias a ciertas actitudes. Esos son los hipócritas: los que rezan mirando hacia el cielo… pero no atienden a sus hermanos. Es verdad, pero hay una cierta intencionalidad muy-muy populista en estas palabras, que va calando entre los oyentes de todo el mundo. Sacar de aquí un titular para El País, es de lo más sencillo.
Sin embargo, en la misma misa que se celebraba en Santa Marta, se había leído la lectura del Antiguo Testamento sobre Sodoma y Gomorra. Qué ocasión tan estupenda para hablar y explicar por qué Dios castigó a aquellas ciudades. Parece, sin embargo, que se pasa de puntillas por el pecado de la sodomía
Y comentando la primera Lectura, tomada del Libro de Isaías, observó que el Señor llama a la conversión a dos “ciudades pecadoras” como Sodoma y Gomorra. Lo que evidencia que todos “tenemos necesidad de cambiar nuestra vida”, mirar “bien en nuestra alma” donde siempre encontraremos algo.
Así se va extendiendo el reguero de pólvora. Igual que se ha extendido con la futura comunión -que en realidad ya se ha aceptado con naturalidad-, de los divorciados vueltos a casar; con el ya famoso ¿quién soy yo para juzgar? que se lo conocen hasta los niños de pecho; con el hagan lío, que ya se lo han aprendido hasta los santos sindicalistas Cándido Méndez y Fernández Totxo y con el recen por mí, que va a empezar a decirlo muy pronto Mariano Rajoy.
Voy a hacer circular entre los hermanos de mi comunidad, que lo importante para ser buen fraile es tener misericordia de los viejos monjes tradicionales –como yo-,  y no tanto el asistir a los conciertos de los curas rockeros de las localidades adyacentes a este viejo monasterio. Aunque dudo del éxito de mi empresa.
Y es que para emular a los populistas, hay que ser populista.
TOMADO DE: Tradición Digital

PPK, la “unión civil” y el Papa

“COMPAÑERO DE RUTA” DE LA REVOLUCIÓN HOMOSEXUAL

PPK, la “unión civil” y el Papa

Sábado 14 de junio de 2014
A la torrencial y enloquecida ofensiva para imponer al Perú la “unión civil” de personas del mismo sexo no le falta ni dinero, ni publicidad, ni complicidades en nuestro cada vez más desacreditado Establishmentpolítico.
Sólo le falta una cosa: el apoyo de la población...

Atropellar al país, la estrategia de los homosectarios

Para esquivar ese obstáculo, se busca quitarle al tema cualquier connotación moral, y llevarlo al campo de fantasiosos “derechos humanos”, tal como lo vienen intentando desde hace tiempo —aunque sin éxito hasta ahora— loslobbies que promueven el aborto.
Conscientes de que la razón no está de su lado, los abanderados de la “unión civil” simplemente ignoran todas las objeciones —morales, jurídicas, constitucionales y hasta de sentido común— que desde diversos sectores de la sociedad, representativos de la mayoría de la población, se levantan contra ella. Por ejemplo las expuestas por el Dr. Francisco Tudela, en el concluyente artículo reproducido en este sitio [1].
O sea, buscan evitar a cualquier costo el debate e imponer mediante componendas políticas su proyecto como hecho consumado, atropellando así a la opinión pública y haciendo tabla rasa de lo que esta piensa y desea.

Un sorprendente “compañero de ruta” de la revolución homosexual

Asombra y decepciona ver que a esta maniobra se prestan incluso políticos que hasta algún tiempo gozaban de cierta credibilidad en la población —cosa bien rara hoy en el Perú—, como el Ing. Pedro Pablo Kuczynski (PPK).
A fines del año pasado el ex premier desconcertó a los peruanos al exhibirse en una indigna campaña de propaganda homosexual, “Parejas imaginarias”.
Como se recuerda, desde el mes noviembre las calles de Lima fueron inundadas de enormes outdoors mostrando fotos de conocidas figuras del medio local —entre ellas PPK— que sin ser homosexuales se fotografiaban de a dos, aparentando ser parejas del mismo sexo.
Pero el tiro le salió por la culata a la ostentosa (y costosísima) campaña, ya que despertó el espontáneo rechazo de la población, cristalizado en la convocatoria por Internet a “Parejas Reales” para que se manifestasen.
Rápidamente, esa iniciativa de jóvenes blogueros, en apoyo al único y verdadero matrimonio entre hombre y mujer, recibió decenas de miles de adhesiones. Fue el mejor atestado del fracaso de las “parejas imaginarias”, sepultadas bajo el repudio popular [2].
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La campaña de Internet “Parejas Reales” fue una vigorosa reacción contra la campaña del lobby homosexual, "Parejas Imaginarias"
No obstante ese fiasco, PPK vuelve ahora a la carga apoyando la “unión civil”, esta vez en declaraciones que desconciertan por su superficialidad y falta de sustento.
Según afirmó, la oposición al cuestionado proyecto “se debe a que muchos grupos creen que es un caballo de Troya para introducir el matrimonio [homosexual]”. Pero esta creencia es totalmente verdadera: el propio autor de la propuesta, Carlos Bruce, ha reconocido que su meta sí es llegar hasta el seudo matrimonio, y que la “unión civil” es sólo una cabeza de puente, un “primer paso” hacia esa meta... [3] ¿Será que PPK no lo sabía?
Y si bien él admite que los peruanos “no estamos listos” para aceptar esa farsa matrimonial, PPK sostiene que el Perú sí está “preparado para la unión civil” de personas del mismo sexo.
¿Qué significa aquí estar “preparado”? ¿Querrá decir que la enorme presión político-publicitaria a favor del proyecto estaría surtiendo efecto, y habría logrado inclinar la población a aceptarlo?
Si supone esto, PPK se engaña rotundamente. El fracaso de las “parejas imaginarias” ya mostró que el rechazo popular continúa firme. Y si le quedan dudas, que compare las escuálidas diez mil firmas presentadas en abril al Congreso en apoyo al proyecto Bruce, con el más de un millón de firmasentregadas poco después contra el mismo, pidiendo archivarlo.

Sembrando confusión, para favorecer la ofensiva homosexual

Tal vez consciente de la debilidad de su posición, el ex premier invocó a su favor nada menos que... ¡al Papa! Y “recomendó recordar lo que dijo el mismo Papa Francisco, ’¿Quién soy yo para juzgar a los homosexuales?’” [4].
PPK hace aquí un grosero escamoteo: presenta la frase del Papa distorsionada y mutilada, omitiendo decir que cuando Francisco la pronunció —en una conversación informal con periodistas— no se refirió a “homosexuales” en plural, sino a un hipotético caso singular, el de un homosexual que “busca al Señor y tiene buena voluntad”  [5].
Ocurre que sólo “busca al Señor” con verdadera “buena voluntad” aquel que busca abandonar el pecado y obedecer los Mandamientos, tal como enseña Jesucristo: “Quien ha recibido mis mandamientos y los observa, ése me ama. (...) El que me ama, guardará mi doctrina, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos mansión dentro de él” (Juan 14, 21 y 23).
Por eso la Iglesia absuelve a quien haya practicado actos homosexuales desde que los confiese con arrepentimiento y propósito de enmendarse, pero condena con toda severidad al que persiste en cometerlos, sobre todo si se vanagloria de esa conducta.
Luego, el Papa no incluyó ni podía incluir entre los que “buscan al Señor” a los que practican el vicio contra naturaleza y tienen la mala voluntad de persistir en él.
Lo que hizo PPK, como tantos otros, fue mutilar y sacar de contexto la pregunta papal, para de esa manera insinuar que la Iglesia admitiría la práctica homosexual como algo aceptable.
De esa forma contribuye a sembrar confusión, a favor de los lobbieshomosexuales. A esa vil tarea están entregados hoy en el Perú no pocos políticos, incluso supuestos “conservadores”.
Y sólo nos cabe lamentar que el señor Kuczynski se haya comportado como un “compañero de ruta” más de la revolución homosexual, defraudando así a lo mejor de su electorado. Su conducta atesta clamorosamente el peligroso divorcio —cada vez más acentuado— entre el corroído Olimpo político peruano y el país real.