domingo, 19 de enero de 2014

Los diez mandamientos del relativismo



Para dialéctica de altura la del siglo XIX y primera parte del XX. Desde entonces, desde el fin de la II Guerra Mundial hasta ahora, vivimos de prestado. Los tratados se han convertido en eslóganes y la búsqueda de la verdad en búsqueda de la búsqueda: en definitiva, en la turbadora tentación de que la verdad no existe, por lo que el conocimiento no merece la pena: lo único que merece la pena es la divagación eterna e infructuosa sobre las formas de conocimiento. 

La cosa empezó a torcerse con Descartes, pero en el siglo XX alcanzó su plenitud, es decir, alcanzó el desastre. Es como si la razón hubiera sido recluida en una prisión y con ella la libertad. Recluida, claro está en nombre de la libertad de pensamiento. El progreso intelectual de la civilización occidental ha degenerado en un círculo oriental, del que es imposible salir. 

En Occidente le llamamos relativismo, pero en el fondo el relativismo no esconde más que la anulación del hombre como ser racional y, con ello, la anulación de su libertad. Vivimos en el universo de la contradicción permanente. Analicemos la situación en unos pocos aforismos, que son lo mandamientos vigentes. 

El primero y más importante de todos, que los engloba a todos, que los resume y abarca a todos, es el siguiente: 

1. “Nada es verdad ni nada es mentira, todo depende del color del cristal con que se mira”. Ahora bien, la frasecita de Campoamor, que revela como ninguna otra el fin de las verdades absolutas, es la que incurre en la primera contradicción flagrante: nada es verdad ni nada es mentira… menos esta frase, este principio, este dogma aniquilador. 

2. “Prohibido prohibir”, tradujeron los del mayo francés, una generación que continúa sin abandonar el poder. Ahora bien, si prohibimos prohibir, ya hay algo que sí está prohibido: prohibir. 

3. “Todo es opinable”, aseguran los hombres de la sociedad de la comunicación. Sí, todo es opinable; todo menos justamente eso: que todo sea opinable. 

4. “Los dogmas son inadmisibles”. Salvo justamente el que a acabo de enunciar, indemostrable pero de aplicación forzosa. En cualquier caso, el hombre siempre parte de un dogma para concluir, tanto en el pensamiento deductivo como en el inductivo. 

5. “Libertad de pensamiento”. Muy cierto, pero dos más dos sólo son cuatro en base 1 y por definición. Nadie comienza pensar desde cero, sino desde un eje de coordenadas que le viene dado. El pensamiento humano está sometido a reglas estrechas, que componen lo que se conoce como la ciencia de la lógica: no damos para más y no es para avergonzarse de ello. A fin de cuentas, mal de muchos...

6. “Toda idea, principio o creencia es tan respetable como otra”. ¿Todas? No, porque la que acabo de escribir vale mucho más que cualquier otra y es acreedora del mayor de los respetos. 

7. “Eduquemos en libertad”. Pero eso es imposible: si concedemos libertad al alumno para someterse o rechazar la educación, seguramente optará por la libertad de no educarse, sobre todo si piensa en el sometimiento y el esfuerzo que implica el hacerlo. Lo único que importa es la tolerancia, no las ideas que se toleran. Es más, la misma libertad de expresión es un atentado contra la libertad ajena, en cuanto pude influir en el interlocutor. 

8. “No acepto aquello que no sea demostrable”. Pero ni tan siquiera puedo demostrar nuestra existencia. Lo empíricamente demostrable no alanza ni el 0,1% e lo conocimientos humanos. Tampoco puedo dar razón de mi existencia. 

9. “Lo que se ve, existe, y lo que no se ve, no existe”. Pero nuestros sentidos nos engañan. Además, de esta forma no existirían la lunas de Júpiter, ni el amor, ni el dolor, ni la belleza, ni el arte, ni la literatura… Además, ¿estamos seguros de que la vida no es sueño y ensueño no es la verdadera vida? 

10. “Nadie puede decir lo que está bien o lo que esta mal”. Pero esta política de no injerencia es buena en sí misma, así como sus numerosos desarrollos en forma de juicios morales, esos juicios que constantemente estamos pronunciando. Es más, si en algo creemos es en nuestras críticas al próximo o en nuestros halagos (en ésos menos, dado que resultan menos numerosos). 

No me extraña que el hombre actual esté mareado. Sufre de vértigo intelectual y sus síntomas son: falta de personalidad, acentuada inseguridad en sus talentos. O sea, que el relativismo le ha llevado al complejo de inferioridad, a la tristeza: Porque el hombre puede ser bueno o malo, sabio o ignorante, pero lo que su propia naturaleza racional no puede aceptar jamás sin romperse en pedazos es vivir en la contradicción. El único velo capaz de ocultar la incoherencia es la locura. Y ésa es, precisamente, la meta lógica de todo relativismo.

Autor: Eulogio López

FUENTE: Catholic.net

viernes, 17 de enero de 2014

La profunda falacia que esconde la palabra “homofobia”



La lectura de La Nación, este domingo 12 de enero, provocó el título de este artículo puesto que fue demasiado notoria la utilización del término “homofobia” para respaldar inconfesable propósitos. Estamos hablando del suelto Disparen contra el anonimato online, página 2 (http://www.lanacion.com.ar/1654939-disparen-contra-el-anonimato-online). El periodista Carlos Guyot, entre otras cosas, se rasga las vestiduras diciendo que el anonimato cibernético es la cobertura para una cantidad de personas que, ante la muerte de un homosexual, aprovecharon para emitir “comentarios homofóbicos”.
No queremos dejar pasar la oportunidad para señalar todo lo que hay detrás de este modo de hablar. No hay programa radial en que no se oigan estas cosas. No hay día en que los grandes diarios no utilicen, por lo menos en el copete de sus artículos, este vocablo mágico con la que pretenden desarmar a quienes emitimos un juicio de valor negativo respecto del comportamiento homosexual. No hay declaración pública relacionada con la sexualidad que no aspire a la eliminación de “todas las formas de homofobia”, y ya viene siendo hora de devolver estos golpes, porque las personas se forman en base a lo que oyen y lo que oyen se manifiesta en lenguaje, palabras, términos. ¿Cómo comienza a existir la palabra “homofobia”? ¿Tiene ella algún significado real?
La verdad es que no. “Homofobia” es un término acuñado por los propagandistas e ideólogos de los movimientos homosexualistas. ¿Y qué es un movimiento homosexualista? Es un grupo de personas que impulsan una verdadera revolución mental: pretenden destruir el concepto clásico y tradicional de sexualidad –según el cual existen comportamientos y tendencias naturales como también antinaturales–, introduciendo cueste lo que cueste una nueva filosofía de la sexualidad. Según esta nueva filosofía, el ser humano no es ni espiritual ni genéticamente un varón o una mujer. Al contrario, “construye” su sexualidad con independencia de su fisiología. Hombre y mujer serían parámetros sociales, adquiridos y no innatos, sin base fija e inmutable en la naturaleza.
Pues bien, si es sencillo advertir que hombre y mujer no “construimos” nuestra sexualidad sino que ésta nos ha sido dada; si es evidente que nuestro comportamiento sexual es efecto y no causa de nuestra sexualidad, entonces “es realmente muy difícil” poder sostener lo contrario. Difícil porque se necesita mucha fuerza de voluntad para estar negando constantemente los hechos que tenemos en la nariz. Pensemos que estos ideólogos pronuncian todos los días su libreto. ¿No es terrible que así se abandone a los homosexuales a su propia suerte, existiendo los medios para ayudarlos? ¿No es grave que, una vez más, la ideología cierre el paso a la cristiana misericordia para quienes desean fervientemente la plena salud del alma y del cuerpo?
La misma ciencia forense revela que la autopsia de un cadáver calcinado permite conocer el sexo del difunto aunque el fuego haya eliminado la posibilidad de registrar otros datos (huellas digitales, color de los ojos y pelo, masa corporal). El efecto del fuego en el cuerpo también impide el análisis de los músculos; todas cosas que pueden observarse con facilidad en cuerpos bajo otras condiciones. ¡Cómo podría la libertad y unos pretendidos “derechos” modificar una realidad tan íntima a nosotros, si precisamente la sexualidad es una de las pocas cosas que resiste el fuego que todo lo quema!
Con la consigna fija de no entrar en este debate, ideólogos y propagandistas deslizan la palabra “homofobia” cual espantapájaros. “¡Cuidado que aquí hay homofóbicos!”. La verdad ya no importa, todo es propaganda. “La homofobia es una enfermedad, la homosexualidad no” rezan sus graffitis. Se pretende descalificarnos de antemano como si tuviésemos simplemente miedo a lo distinto cuando, en realidad, estamos plenamente convencidos: ¡el orden natural no es ninguna fobia! Con el tiempo, la propaganda homosexualista se ha animado a más y ahora no sólo respalda la homosexualidad sino también otras conductas desordenadas. ¿Hasta dónde hemos llegado en que se puede considerar enfermo a quien sostenga la perversión de las relaciones entre un hombre y un animal? ¿Qué confusión mental existe hoy día, donde la actitud sana es sospechosa mientras que quienes sostienen que 2+2 son 5 tienen las puertas abiertas para propagar las ideas más falaces y perjudiciales para la verdadera sexualidad?
En una de sus novelas, Chesterton nos cuenta de un policía infiltrado en una reunión mundial de siete importantísimos anarquistas, creyendo ingenuamente estar solo. Para sorpresa del personaje y encanto del lector, no había un infiltrado sino seis: un solo anarquista y seis policías pero cada uno creía estar en absoluta soledad... Pues bien, la historia se repite. Existe mucha gente, muchísima, que está convencida de que la sexualidad debe darse entre un hombre y una mujer. Sólo que muchos se sienten solos y, por los motivos que fuesen, no se animan a levantar la voz, a proclamar las verdades de las que están íntimamente convencidos. He aquí lo que tenemos que hacer: animarnos a decirlo. Manifestar nuestro convencimiento y transmitir ese fuego a los demás. Si el buen Dios lo quiere, nos daremos cuenta de que muchos pensaban igual pero sólo se animaron a decirlo cuando nosotros nos animamos primero.

Juan Carlos Monedero (h),

Rawson, Provincia de Buenos Aires

14 de enero de 2014

FUENTE:  STAT VERIAS 

sábado, 11 de enero de 2014

Los crímenes de Fidel Castro

De estos crímenes nadie habla, y más bien el genocida dictador comunista Fidel Castro es abiertamente admirado por toda la recua de rojos y socialistas nuestros (si hasta el supuesto defensor de los derechos humanos, el ya fallecido comunista Javier Diez Canseco no ocultaba su simpatía por el régimen castrista). Y yo me pregunto, ¿y así tienen la raza de hablar de derechos humanos, democracia, etc., presentarse como los defensores de los mismos y señalar a otras personas? Pero si es que no tienen sangre en la cara...

Por Juan Antonio Muller. Cuba Nueva, agosto 6, 2001.
"Los ojos atónitos lo ven; la razón escandalizada se espanta; pero la compasión se resiste a creer lo que habéis hecho, lo que hacéis aún. O sois bárbaros o no sabéis lo que hacéis." -- José Martí
Desde su llegada al poder, Fidel Castro ha provocado el genocidio político más sanguinario que recuerde nuestro continente. El paredón de fusilamiento establecido en la Fortaleza de la Cabaña desde 1959 ha provocado más de cinco mil muertos. ¡400 fusilados en una sóla noche! Los alzamientos en las sierras desde 1960 a 1966 produjeron cuatro mil bajas y destacan en esta época las torturas y asesinatos en el Escambray y las movilizaciones forzadas de campesinos a otras provincias para evitar su apoyo a los diez mil alzados.
El fracaso de la lucha interna produjo grandes redadas de opositores, a los cuales se les siguieron arbitrarios juicios militares. Esto trajo una exhorbitante concentración de sesenta mil reclusos en las cárceles cubanas durante los años sesenta y setenta, en su mayoría campesinos, trabajadores y estudiantes de ambos sexos. Planes de trabajo forzado con miles de muertos, lisiados y heridos se suman a las torturas físicas y mentales en campos de concentración, celdas tapiadas y gavetas de la muerte regadas por toda la Isla.
El éxodo de cubanos hacia el exterior no se ha detenido en cuarenta y dos años de tiranía. Dos millones de cubanos se encuentran hoy residenciados fuera de su patria. Situaciones dramáticas se produjeron en 1980 cuando más de diez mil personas pidieron asilo en la Embajada del Perú y el gobierno obligado a resolver la crisis interna permitió la salida de ciento veinticinco mil personas por el puerto de Mariel hacia EUA y posteriormente en 1994 cuando treinta mil personas se lanzaron al mar en balsas de precaria construcción dispuestas a cruzar el Estrecho de la Florida. Se estima que estos éxodos hayan causado la desaparición de unas tres mil personas. En julio del 94 naves oficiales de la Marina hunden un remolcador frente al malecón habanero donde huían 42 personas matándolas a todas, 23 niños incluídos. Dos años más tarde aviones Mig de la Fuerza Aérea derriban dos avionetas civiles pertenecientes a la organización humanitaria Hermanos al Rescate matando a sus cuatro ocupantes.
La situación en la Isla continúa hoy día bajo el sistema represivo y de ignominia que lo ha caracterizado. Según organismos de derechos humanos el régimen castrista mantiene más de mil presos políticos, encarcela continuamente a líderes de la disidencia y suprime cualquier vestigio de expresión crítica en su contra. Ante tantos crímenes es bochornoso que nuestro Gobierno haya votado el año pasado en Ginebra contra la condena al régimen castrista y se ofrezca nuevamente a hacer lo mismo este año cuando se presente la moción de condena a Fidel Castro en las Naciones Unidas por sus crímenes y violaciones a los derechos humanos.

© CUBANUEVA, 2000.

viernes, 10 de enero de 2014

La mentira histórica desvelada ¿Genocidio en América? Ensayo sobre la acción de España en el Nuevo Mundo

Tiene que quedar bien claro que España no tiene que pedir perdón a nadie por su acción en América, pues todo lo bueno que se hizo va mucho más allá que los errores cometidos que fueron mucho menores, siendo absurdo culpar a la madre patria de las desgracias pasadas, presentes y futuras como habitualmente se hace.

Por ello os presento un libro que contiene minuciosa y abundante documentación que deshace la mayor injuria soportada por España durante cuatro siglos: la de haber cometido un inmenso genocidio en América.

Tras la redacción del libro, su autor Juan Luís Beceiro García, licenciado en Derecho e historiador, llega las siguientes conclusiones;

1) España no cometió genocidio en América.

2) Las epidemias fueron la causa inmediata de la despoblación de las Indias.

3) Las mayores genocidios cometidos en la Historia se produjeron en la extinta URSS a partir de la revolución bolchevique, y en la República Popular de China, al término de la segunda guerra Mundial.

4) El padre dominico Fray Bartolomé de las Casas fue el causante principal, conscientemente o no, de la Leyenda Negra hispanoamericana.

5) La ignorancia es la causante principal de que se siga manteniendo en el Mundo y en España la denominada Leyenda Negra.

6) El padre Bartolomé de las Casas constituye una gloria de España y es el símbolo de la conciencia española ante el mundo.

7) Las «Leyes de Indias» constituyen un monumento jurídico ini­gualable y son, por ello, motivo de orgullo para España y América.

8) La colonización española en América es un modelo sin parangón en la Historia, mientras que las de otros pueblos europeos -en América y en el resto del mundo- constituyen la vergüenza de Europa y son ludibrio del mundo civilizado.

9) El etnocidio -tal como se entiende en la actualidad- es un hecho histórico que se produce siempre que existe un choque entre pueblos de culturas distintas, por lo que no se le puede achacar a España de una ma­nera exclusiva.

10) Los hechos de la conquista española en América son superiores a cualesquiera realizados por hombres extraordinarios como Alejandro el Grande, Aníbal, Cayo Julio César o Napoleón Bonaparte.


Tomado de: Somos hijos de España - Hispanofilia

La veracidad de fray Bartolomé de las Casas

A menudo observamos como en los debates entre defensores de la leyenda negra anti-española y los que la ponen en duda o la niegan, estos primeros terminan aferrándose con fuerza a Fray Bartolomé de las Casas, y más concretamente a su libro -escrito en 1552- "Brevísima relación de las destrucción de las Indias" como el último bastión que les queda para defender la teoría de genocidio y expolio cometidos por los españoles en el pasado; dado que las pruebas factibles que respaldan el exterminio en nuestra sociedad mestiza son inexistentes.

La sola idea de que un español haya denunciado actos de barbarie de sus compatriotas es muy atrayente para los fieles defensores de la Leyenda Negra. No obstante lo que no conocen es que este fraile no escribió esta obra para su divulgación, pues fue un documento secreto para el emperador Carlos I, cuyo objetivo fue presionar para que endureciera las penas para aquellos que abusaran de los nativos infringiendo así "Las Leyes de Burgos u Ordenanzas para el tratamiento de los Indios". Luego no se trata de un libro histórico sino de una visión distorsionada de la realidad que perseguía un noble fin.

"Las falsedades y exageraciones de Las Casas son tan brutales y evidentes que nadie con un mínimo sentido crítico podría suscribirlas. ¿Por qué, entonces, tanta gente las ha difundido y apoyado, y han tenido tanta y tan duradera influencia, incluso entre la gran masa de gente que no las han leído, hasta nuestros días? Por su utilidad: sirvieron de munición masiva para la propaganda de las potencias protestantes y de Francia para denigrar a España y en el primer caso al catolicismo. Lo cual ya revela el carácter eminentemente falsario de esa propaganda y la falta de escrúpulos de sus promotores. Ante la evidencia de sus falsedades, se ha recurrido a justificarlas ponderando los buenos sentimientos de Las Casas hacia los indios, hacia la humanidad en general (menos los españoles, claro), y su “avance” hacia las teorías políticas modernas: mentía y calumniaba, desde luego, pero lo hacía por la buena causa. No hay nada de ello. Las Casas extrema y llevar al absurdo las teorías mucho más razonables de Vitoria y otros, y solo puede hacerlo, precisamente, mediante la calumnia. Esta, la calumnia y no tiradas aparentemente bienintencionadas y gratuitas, es la verdadera medida del valor de Las Casas.

¿Qué habría pasado si se hubieran impuesto las chifladuras del fraile? Que seguirían en América los sacrificios humanos, el canibalismo, la poligamia, la venta de hijas y mujeres, la economía de trueque, las guerras brutales entre los propios indios, y las culturas más primitivas. Es decir, seguirían durante un siglo más, porque tan pronto otras potencias europeas estuvieran en condiciones de conquistar aquellos territorios lo harían al estilo como lo hicieron en América del norte y en África en el avanzado siglo XIX: exterminio de la población aborigen o su esclavización o mera explotación económica manteniéndola segregada de la civilización. A cambio del famoso “oro”, España llevó allí una cultura mucho más avanzada en todos los sentidos, eliminó la mayor parte de las costumbres bárbaras, evangelizó a los indios, les permitió una gran autonomía, leyes -estas sí, extraordinariamente humanitarias y avanzadas para la época-, nuevas ciudades y vías de comunicación, universidades, imprentas y escuelas, una economía cien veces más productiva, nuevos cultivos y animales domésticos… y, en fin, una paz apenas alterada durante tres siglos.

Obsérvese, además, que los virtuosos protestantes y franceses que tanto explotaron a Las Casas contra España sí realizaron muchas de las atrocidades que achacaban a los españoles, y no solo en aquellos tiempos “bárbaros” sino en otros históricamente muy recientes. Piénsese en el auténtico genocidio que supuso la Gran Hambruna irlandesa o más recientemente la de Bengala, o los crímenes cometidos durante la II Guerra Mundial por unos y por otros. Y obsérvese también que el fraile patológicamente embustero no solo está en la base de la tradicional propaganda antiespañola, sino de movimientos totalitarios inspirados en el “buen salvaje” o en movimientos antiespañoles de fondo como los que, después del 98, desembocaron en la desastrosa II República. Con Las Casas simpatizaban desde Azaña a los comunistas, y conforme a él enjuiciaban la obra de España en el siglo XVI. Las Casas inicia, o más bien es un jalón fundamental en una sucesión de doctrinarios baratos y exaltados, supuestamente llenos de buenas intenciones, que han traído incontables calamidades."

Pio Moa. Articulista y escritor español, autor de "Los mitos de la Guerra Civil" con 250.000 ejemplares vendidos.


Fuente: Somos hijos de España - Hispanofilia

lunes, 6 de enero de 2014

Desenmascarando a Rocío Silva Santisteban


En esta entrevista a la gordita comunista Rocío Silva Santisteban, presidente de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos (a.k.a. "La cojudez"), Jaime de Althaus hace una pregunta, a mi parecer ingenua. Dice el periodista: "¿por qué las ONGs de derechos humanos solo han enfatizado lo malo y no lo bueno de la lucha contra el terrorismo?". La respuesta es simple: Por dos razones: Primera, por una cuestión ideológica. Para estos comunistas el Estado no es sino (siguiendo a Marx) un instrumento de opresión y, por ello, siempre es  prima facie el malo; así que reconocerle algo bueno o destacarle algo positivo es para ellos más difícil que lograr la cuadratura del círculo. La segunda razón es más prosaica, pero no menos fuerte: tienen que machacar hasta más no poder que aquí todo fueron violaciones de derechos humanos, y en ningún momento hubo asomos o intentos de una estrategia limpia antiterrorista, porque de otra forma se les malogra el negocio. A ver, ¿cómo creen que es más fácil conseguir apoyo financiero internacional: reconociendo que se implementó una estrategia antiterrorista en general limpia, o siguiendo con la matraca de las violaciones sistemáticas y generalizadas?
A propósito, para los recién llegados, cuando se habla de violaciones de derechos humanos, solo se refieren a acciones de militares y policías, pues ellos son (según estas ONGs) los únicos que violan los derechos humanos. Los terroristas, según ellos, nunca son violadores de derechos humanos. Qué imparciales, ¿no?